Encuentro con Sil Marchese
- Lorena De Piero

- Mar 24, 2021
- 5 min read
Updated: May 13, 2021
El primer y el último día
Primer día de taller, a principios de mayo de 2019.
Sil era nuestra primera artista invitada y apenas la acompañamos ese día entre tanto movimiento, nervios, emociones. Le contamos cuáles eran los objetivos del proyecto del mural, cómo era el Bachi y las expectativas que teníamos. En seguida, ella se sumó al grupo enseñándonos el uso de las herramientas, contestando dudas, explicándonos sobre la teoría del color. En esta primera jornada no trabajamos sobre el diseño del mural, sino que empezamos a conocer las herramientas (pinzas, cortavidrios), materiales (azulejos, venecitas) y fuimos practicando sobre un diseño que cada unx podía elegir.

Último día del taller, mediados de febrero de 2021.
Sil, sin dudarlo se sumó la instalación y empastinado del mural. Se vino con las herramientas en los bolsillos, las ganas y la emoción contagiosa. En ese día festivo y místico, de esos que extrañamos en el Bachi (entre tanta cuarentena y los cuidados que nos obligan los tiempos pandémicos), nos visitaron distintxs compas, algunos que se animaron a participar cortando y pegando alguna tesela, otros alcanzandonos materiales, otros escuchándonos y mirándonos curiosxs.

En el Laboratorio de Experimentación
En ninguno de esos días compartidos le hicimos la entrevista. Como no nos queríamos quedar con las ganas fuimos a su hogar y lugar de trabajo para hacer el encuentro e intercambiar experiencias. Conocer su hogar-taller es conocer su mundo: mosaicos, esculturas, pinturas, papel de fibras naturales, objetos de yeso, todo tipo de materiales que puedan imaginar! Un rincón mágico, un “Laboratorio de experimentación” como ella lo denomina, donde la restauración, el reciclaje, la resignificación, y la re-transformación son distintas formas de experimentar y explorar con diversas texturas y materiales. Un lugar donde se da rienda suelta a la creación y la imaginación. Nos dice, “acá desarrollo mi experimentación propia, estoy horas acá adentro, probando. Para mí este es un laboratorio, es experimentación pura”.
Esto no es casual, tiene que ver con sus orígenes e historia personal. Nos cuenta que desde que empezó a pintar siempre incorporó diversos materiales a la obras: “En donde nací, en el sur de Buenos Aires, en Valentín Alsina (Lanús), había muchos talleres mecánicos, y utilizaba las partes de los autos que no servían. Esto de pegar, armar con distintas partes siempre lo tuve incorporado”.
Si bien Sil Marchese trae consigo una gran y rica formación y experiencia artística de la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón, donde estudió fundamentalmente escultura y pintura, arranca con el mosaico como una especie de juego, como una forma de expresión más. En tal sentido, nos remarca: “cada unx debe hacer su propia experiencia, y camino. Es la mejor forma de aprender. La forma de relacionarse con las herramientas y materiales”.
Pero también fue conociendo y se fue formando en esta técnica con distintos artistas, como por ejemplo, Rodolfo Sorondo, Fernanda Jaton. “El maestro Sorondo, no solamente tiene una expresión artística, sino un compromiso con las obras, lleno de contenido”.
En este taller personal de experimentación es el lugar donde también da clases. Les preguntamos si hay diferencias entre el rol del artista y el rol del docente. Nos contesta que hay diferencias pero también hay un ida y vuelta. En la docencia hay un intercambio de información, de sentimientos, de experimentación. Mencionando a Paulo Freire, se da un “enseñaje”, una enseñanza - aprendizaje todo el tiempo.
Mientras tanto, “en soledad, aparece la creativa, el artista, el que está experimentado con su obra”. Pero, nos advierte, “sos la misma persona, no estás tan separado, no hay tantas diferencias al fin, son distintos momentos”.

Así, nos dio lugar a formular interrogantes que haremos en todos los encuentro-entrevistas.
BACHI: ¿Qué significa el mosaico para vos?
SIL: El mosaico es más que una técnica. Es común escuchar la experiencia de la gente de cómo los atraviesa con la suma de las piezas que encastran, que encajan; cómo lo relaciona con su propia vida, la unión de las partes que no siempre encastra, a veces se padece. Hay un eje filosófico, de la unión de las partes, de cómo nos rompemos en pedazos. Tiene una connotación emocional más allá de la técnica, del andamento, la composición y el color.
B: ¿Cuál es tu experiencia en murales en mosaico?
S: El mosaico tiene esa cosa del compartir, me encanta eso de estar horas y horas sentada con pares en la vereda cortando piezas, es absolutamente mántrico, es un estado de éxtasis que sólo lo conocen quienes lo atraviesan.
Los murales son hermosos en la calle. Cuando pasa no hay diferencias políticas, de edades. Todos estamos para un mismo objetivo. Esto también sucede en el taller, pero es diferente, pasan otras cosas.
El trabajo con el mural siempre es significativo, es muy ceremonial tanto en el momento en que lo estás haciendo como también lo que ocurre después, con la gente. Participé muraleando en el Barrio Mitre (Saavedra, C.A.B.A.) con Rolando Sancho Sorondo. Ese mural está al lado de la casita de las Madres en Lucha. Se trata de un diseño relacionado con el Club: lugares de contención, deportivos, con función social. Rolo es un ser muy generoso que te da un espacio y un lugar.
Otro de los trabajos colectivos que participé es uno coordinado por Fernanda Jaton, persona con mucha experiencia, muy generosa y abierta a la participación. Se realizó en el barrio de Congreso, con la técnica de trampa para el ojo, “tampewye”, donde la distancia y perspectiva entran en juego. Se trabajó en una vereda muy angosta, pero la mayor parte del trabajo se hizo en el taller y luego se colocó ahí.
B: ¿Cuál es el mayor aprendizaje de los murales participativos-comunitarios?
S: Es interesante lo que ocurre ahí, estás compartiendo todo el tiempo: el mate, las piezas, el agua, se la pasa bien. Es muy enriquecedor a nivel humano, con distintas personalidades, con aprendizajes distintos. Es muy lindo lo que se da en general. La gente también participa todo el tiempo, te preguntan para qué van hacer el mural, te cuentan su experiencia, te preguntan. La expresión de la gente y todo lo que va pasando ahí es parte del mural.
Cuando se planea un mural es interesante ver quién pasa por ahí, si hay muchos autos, si la imagen se puede ver pasando con el colectivo, si puedo “leer” lo que dice el mensaje. Hay que pensar todo eso, el tamaño de la vereda, etc., especialmente cuando es arte callejero. Cada lugar tiene su devolución.
El mosaico iguala, no hay diferencia, todos tienen ideas, pueden aprender, todos pueden participar.
La conversación, las historias, las anécdotas fueron parte de esta entrevista, encontrarse con Sil el primer día de esta construcción y el último día de la instalación, siempre será recordar aprendizajes llenos de sonrisas.
"El mosaico iguala, no hay diferencia, todos tienen ideas, pueden aprender, todos pueden participar."
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